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Emblemáticas, sí las hay, Red Puna trabaja hace más de 25 años en la Puna y La Quebrada. Después de años de lucha, hoy tienen una tienda en Tilcara y otra, Makiwan, compartida con otra organización (Lloque) en Purmamarca donde ofrecen los más virtuosos chales, sweater, sacos, tapados, ruanas, mantas, carteras y bolsos en lana de oveja y llama con la paleta de los cerros: el bordó de la cochinilla el rojo del achiguete, el verde de la yerba mate, el más increíble azul del repollo que en esta zona se da así y el amarillo vibrante del quinchamal, entre otros, en diseños lisos o patrones del telar como el ojo de perdiz, peinadillo o jaspeado.

Además de una línea para la casa de almohadones, mantas, pie de cama, peleros hechos a mano en bastidor con hilo grueso de oveja y las características tulmas (pompones) que se usaban tradicionalmente como adornos para sujetar el cabello con dos trenzas.

Mención aparte merecen los mitones con tapa para guardar los dedos, las bufandas con capucha, los chulos y las llamitas.

“Luchamos por cambiar la realidad en que vivimos, buscamos una transformación profunda de las estructuras de nuestra sociedad y de nuestro país. Al día de hoy no nos han sido entregadas nuestras tierras comunitarias. Es por ello que la lucha por la soberanía Alimentaria y por el territorio ha impregnado la dinámica de nuestra organización y el compromiso. Trabajamos en la producción agrícola: sembramos papa, maíz, habas y verduras; criamos llamas y ovejas, y somos tejedoras y artesanas. Nuestra organización comienza en cada comunidad de base,  luego nos juntamos con otras comunidades y vamos resolviendo y tomando decisiones en forma colectiva”, adelantan desde la organización.

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Mención aparte merecen los mitones con tapa para guardar los dedos, las bufandas con capucha, los chulos y las llamitas.

“Luchamos por cambiar la realidad en que vivimos, buscamos una transformación profunda de las estructuras de nuestra sociedad y de nuestro país. Al día de hoy no nos han sido entregadas nuestras tierras comunitarias. Es por ello que la lucha por la soberanía Alimentaria y por el territorio ha impregnado la dinámica de nuestra organización y el compromiso. Trabajamos en la producción agrícola: sembramos papa, maíz, habas y verduras; criamos llamas y ovejas, y somos tejedoras y artesanas. Nuestra organización comienza en cada comunidad de base,  luego nos juntamos con otras comunidades y vamos resolviendo y tomando decisiones en forma colectiva”, adelantan desde la organización.

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“Nací en Tumbaya aunque soy media nómade. A los seis, para que pudiera estudiar, me llevaron a vivir a la escuela que quedaba a varios kilómetros de mi casa. De ahí salí a trabajar a la capital y luego a Buenos Aires. Con el tiempo me recibí de enfermera y viaje a trabajar al Sur. Viví en una comunidad mapuche. Mis hermanos, fascinados de que les contará de nuestra cosmovisión andina, me interpelaban. Ahí me di cuenta lo pobre que era. Por querer pertenecer no había aprendido lo importante. Desde cuestiones más espirituales a básicas, mi mamá nos enseñaba que si cantaban ciertos pájaros era señal de que llovería o si la cara de una nube cambiaba. Quizás era rebeldía de mi parte o tal vez vergüenza de ser diferente. Yo era pura cascara, así que decidí volver y aprender. Con 27 años regresé a vivir por primera vez con mi mamá desde los seis años a la Quebrada. Al principio mis preguntas la incomodaban.”

“Capaz que no supe hacerlas bien, pero ya antes de morir me iba contando todo solita. ¿El hallazgo más grande? El idioma quechua no tiene definiciones simples o cerradas para cada palabra, sino que cada término abre un mundo de posibilidades. Yo puedo decir que tenés ojos lindos, pero también eso significa que tenés un lindo mirar, profundo, para adentro de las personas. Y eso es inigualable. De la red, valoro la organización, ser una familia que nos regala un montón de oportunidades. Nos valora. Es una casa grande”,

Claudia Montes, artesana de Tumbaya.