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En los confines, las fronteras, la mayor necesidad. Allí viaja la vocación jesuita con su misión de trabajar por los que menos tienen. Tal el caso de la Parroquia San José de los Petacos de San José del Boquerón donde se nombran ‘servidores del monte’ porque justamente, buscan, entre otras cosas, fomentar la promoción del patrimonio cultural y los proyectos productivos de la población campesina- indígena de la zona.

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En eso están, con idéntica convicción desde que en el año 1975 de la mano del Padre Juan Carlos y el Padre Agustín, enviados por el Obispo Monseñor Jorge Gottan desde Añatuya, cuando se pusieran como misión, artesanal en sí misma ya que los pobladores están repartidos en distintos pequeños parajes – La Florida, Santa Rosa, Nuevo Yuchán, El puesto, Bajo Grande y el propio Boquerón- a los que se llega a través de caminos de tierra y más tierra, reunir a las teleras, el oficio original del Monte. La tradición que define, con las alfombras más virtuosas del país, a uno de los mayores acervos santiagueños.

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Sacha Mama (Madres del Monte), es el grupo de mujeres teleras organizadas actualmente por los Padres Marcos y el hermano Rodrigo, que adoptan especialmente este nombre, como dicen, ya que el monte santiagueño es su segunda mamá, las cuida y abraza. Un entorno que para el visitante puede ser hostil ya que el clima es árido y en verano, el calor abrazador, pero para ellas, un hogar del que toman inspiración para la confección de las piezas y el diseño de las bellas mantas y alfombras o chusi, como las nombran en quechua. Es que en el monte, todo se aprovecha, todo se valora, todo se comparte.

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La iniciativa surgió con altos y bajos hace aproximadamente 20 años, pero con la convicción siempre de poder perpetuar este saber hacer tan propio de Santiago. En la actualidad son 15 mujeres artesanas con dos “teleritas” de aproximadamente 10 años, que trabajan junto a su madre.

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Con las ganas y esperanzas intactas, ya que como cuenta Rosa, una de las artesanas más experimentada ocupadas de transmitir sus conocimientos, a pesar de que muchas veces las tareas hogareñas, como el cuidado de los animales les robe tiempo, ellas lo que más disfrutan es de su saber hacer artesano. Ese que las coloca como fuera del tiempo, en un estado de puro disfrute: “Si yo pudiera, estaría siempre concentrada en mis tejidos. Es lo que más amo y me gusta. Y lo que atesoro desde siempre. Mi madre me enseño a tejer en el telar que construimos con nuestras propias manos y lo que tenemos en el monte. Mis hijos tienen mis alfombras, y siempre les digo que ellas son nuestro mayor tesoro. Yo puedo faltarles, pero con este oficio pueden seguir adelante”, remata.

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